Cuando el sufrimiento se convierte en destino
Hay películas que cuentan una historia… y hay otras que obligan a atravesarla. El renacido pertenece a esta segunda categoría: no se limita a mostrar dolor, frío o violencia, sino que los convierte en un lenguaje cinematográfico propio. Alejandro G. Iñárritu construye un relato donde la naturaleza deja de ser escenario para convertirse en juicio, en memoria y en espejo. Una obra que no busca gustar, sino imponerse; que no pretende conmover, sino sacudir; que no nos invita a mirar, sino a resistir.


















