Hay películas que cierran una etapa… y películas que cierran una herida. Iron Man 3 pertenece a esta segunda categoría. Tras los eventos de Los Vengadores, Tony Stark ya no es el hombre que vimos en la cueva, ni el genio arrogante de la segunda entrega: es alguien que ha visto dioses, alienígenas y abismos que ninguna ecuación puede explicar. Y ese impacto, lejos de engrandecerlo, lo rompe.



















