La monja (Corin Hardy, 2018): ambientación gótica del Warrenverse

En 1952, en un convento aislado de Rumanía, una joven monja se quita la vida en circunstancias misteriosas. El Vaticano envía al padre Burke — un sacerdote con un pasado marcado por los exorcismos— y a la novicia Irene para investigar lo sucedido. Acompañados por un campesino local apodado “Frenchie”, los tres se adentrarán en una abadía envuelta en sombras, donde una entidad demoníaca adopta la forma de una monja para aterrorizar a todo aquel que se cruce en su camino. Esa presencia no es otra que Valak, la misma que conocimos en The Conjuring 2 (2016).

Tras la irrupción de Valak en la segunda parte de The Conjuring, su sola aparición causó tal impacto que su spin-off resultaba inevitable. La monja fue anunciada como la apuesta más ambiciosa del Warrenverse: contaba con un presupuesto superior al de sus predecesoras y una intensa campaña de marketing centrada en el misterio de la figura demoníaca. Las expectativas eran altísimas: se prometía la entrega más oscura y gótica de la franquicia. El resultado, sin embargo, dividió a crítica y público. Aunque arrasó en taquilla, muchos señalaron que no lograba estar a la altura del mito.

Un terror de atmósfera gótica

Corin Hardy, director británico conocido por su debut en The Hallow (2015), imprimió a la película un marcado estilo gótico. Desde los primeros minutos, el espectador se ve inmerso en pasillos interminables, criptas húmedas, cementerios envueltos en niebla y altares sombríos. Todo remite al terror clásico de Hammer Films: monjes encapuchados, velas temblorosas y ecos que parecen venir de otra época.

Esta apuesta estética es, sin duda, uno de los mayores aciertos de la cinta. La abadía rumana, con su arquitectura medieval y sus secretos ocultos, es un escenario perfecto para el horror. La película respira atmósfera: cada puerta que chirría, cada sombra alargada y cada estatua parece tener vida propia.

La hermana Irene y el padre Burke

Taissa Farmiga —hermana pequeña de Vera Farmiga (Lorraine Warren en la saga principal)— interpreta a la hermana Irene. Su elección no fue casual: aunque los personajes no están relacionados directamente, su parecido físico aporta una sensación de continuidad con The Conjuring. Irene representa la fe y la inocencia, y su evolución de novicia dubitativa a mujer decidida es uno de los pilares narrativos.

Demián Bichir da vida al padre Burke, un hombre marcado por errores pasados en exorcismos anteriores. Su personaje aporta humanidad, aunque su desarrollo dramático no alcanza todo el potencial que insinúa.

Jonas Bloquet, como Frenchie, introduce un contrapunto cómico y terrenal. Sus frases ingeniosas alivian la tensión, pero su rol adquiere un giro importante al final, cuando la historia enlaza directamente con The Conjuring y revela su destino.

Valak: icono y amenaza

Valak es el gran atractivo de la película, y su presencia es indiscutiblemente poderosa. Su diseño —hábito oscuro, rostro cadavérico, ojos amarillos— continúa siendo perturbador. Escenas como la aparición en el pasillo, el cuadro que cobra vida o el clímax en la cripta subterránea son momentos visualmente memorables.

No obstante, uno de los problemas señalados por muchos espectadores es que la sobreexposición de Valak reduce parte de su misterio. Lo que en The Conjuring 2 era una amenaza insinuada, aquí se convierte en protagonista absoluta, y eso le resta parte de su impacto original.

Fotografía y ambientación

La fotografía de Maxime Alexandre saca todo el partido a los escenarios naturales de Rumanía. Bosques, ruinas y catacumbas dotan a la cinta de una autenticidad inusual. La ambientación de los años 50 está cuidada al detalle, con vestuarios y decorados que refuerzan la inmersión. Visualmente, es una de las películas más logradas del Warrenverse.

Música y diseño sonoro

La banda sonora de Abel Korzeniowski recurre a coros ominosos, órganos de iglesia y acordes graves que refuerzan el tono gótico. El diseño sonoro cumple su cometido con susurros inquietantes, crujidos y ecos resonantes. Sin embargo, la cinta abusa del “jump scare” acompañado de golpes musicales, un recurso que acaba perdiendo efectividad por repetición.

Una narrativa irregular

El guion de Gary Dauberman (responsable también de las películas de Annabelle) combina momentos sugerentes con otros más rutinarios. La primera mitad, centrada en la investigación en el convento, destaca por su atmósfera. La segunda parte, en cambio, se apoya excesivamente en enfrentamientos directos con Valak y un clímax espectacular que sacrifica parte de la sutileza característica de las mejores entregas dirigidas por James Wan.

La introducción de elementos como la sangre de Cristo como arma contra el mal resulta interesante, pero no se explota en profundidad. El resultado es un relato que entretiene, pero que carece de la hondura emocional y narrativa de otras películas de la saga.

Recepción y éxito comercial

Con un presupuesto de 22 millones de dólares, La monja recaudó más de 360 millones a nivel mundial, convirtiéndose en la película más taquillera del Warrenverse. La crítica fue tibia: se alabó su atmósfera gótica y su apartado visual, pero se criticó la dependencia de los sustos fáciles y la falta de desarrollo de personajes. Aun así, el público respondió con entusiasmo, lo que garantizó una secuela directa (La monja 2, 2023) y consolidó a Valak como una de las figuras más reconocibles del terror contemporáneo.

Reflexión final

Lo mejor: la atmósfera gótica, la ambientación rumana y la inquietante presencia de Valak.
Lo peor: un guion irregular y el abuso de jump scares que diluyen el impacto.

La monja no alcanza la excelencia de las entregas principales de The Conjuring, pero ofrece un espectáculo visual y atmosférico que la convierte en una experiencia disfrutable para los amantes del terror gótico. Corin Hardy apuesta por conventos oscuros, tumbas y ritos ancestrales, y aunque la narrativa no siempre acompaña, la película amplía eficazmente el Warrenverse.

Más allá de sus defectos, consolidó a Valak como un icono moderno del cine de terror y demostró que este universo cinematográfico podía explorar épocas y escenarios distintos. Cada Halloween, su figura sigue apareciendo entre las sombras como una de las presencias más inquietantes de la gran pantalla.

Deja un comentario