Hay películas que recrean la historia… y películas que la desafían. Malditos bastardos pertenece a esta segunda categoría. Tarantino no mira la Segunda Guerra Mundial para repetirla; la mira para intervenirla, para convertirla en un escenario donde el cine se toma la libertad de responder al horror con un arma que los dictadores nunca entendieron: la imaginación.

