Hay películas que hablan del paso del tiempo… y hay películas que lo detienen. El curioso caso de Benjamin Button pertenece a esa segunda categoría. No es un drama sobre alguien que nace viejo y muere joven: es un poema visual sobre lo que significa transitar la vida mientras tratamos de entenderla. Fincher, tan acostumbrado a la oscuridad, firma aquí su obra más suave, más contemplativa, más entregada a la delicada fragilidad de lo efímero.

