Hay películas que investigan un crimen y otras que investigan algo más oscuro: aquello que la humanidad teme admitir de sí misma. Seven pertenece a esta segunda categoría. David Fincher no dirige un thriller; disecciona un estado del alma. No filma asesinatos, sino la sensación de que el mundo está roto… y que quizás siempre lo estuvo.



