Hay películas que cuentan un hecho histórico… y otras que exigen enfrentarse a él sin poder mirar hacia otro lado. Los asesinos de la luna pertenece a esta segunda categoría. Scorsese no reconstruye simplemente una tragedia real: la convierte en un acto de memoria, en un recordatorio incómodo de que la violencia que cimentó la prosperidad de un país no es una nota al pie, sino su columna vertebral. Lo que presenta no es una crónica policial ni un western revisionista, sino una herida que aún hoy sigue abierta en el corazón de Estados Unidos.

